El candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, consiguió 273 votos al Colegio Electoral este sábado 07 de noviembre, después de ganar en el estado de Pensilvania, según proyecciones de medios estadounidenses, lo que lo convierte en el presidente electo de EE. UU. Para ganar la Oficina Oval, el exvicepresidente necesitaba 270 votos al Colegio Electoral.

Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, había acumulado hasta este sábado 214 votos electorales.

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Además, la senadora Kamala Harris  se convirtió en la primera mujer elegida como vicepresidenta de ese país.

Biden ha logrado imponerse también en los estados de Washington, Oregón, California, Nuevo México, Minnesota, Wisconsin, Illinois, Nueva York, New Hampshire, Vermont, Delaware, Massachusetts, Connecticut, Colorado, Virginia, Rhode Island, Nueva Jersey, Maryland, Hawái, Míchigan y Maine, y en el Distrito de Columbia.

Trump ha ganado en Montana, Idaho, Utah, Wyoming, Dakota del Sur, Dakota del Norte, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas, Iowa, Misuri, Arkansas, Lusiana, Misisipi, Alabama, Tennessee, Kentucky, Indiana, Ohio, Virgina del Oeste, Carolina del Sur y Florida.

Todavía falta que se terminen de contar los votos en los estados de Arizona (11 votos al colegio electoral), Nevada (6 ), Carolina del Norte (15)  y Georgia (16). 

 

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Biden se impuso también en el voto popular, al obtener más de 73 millones de sufragios en todo el país, por encima de los 69,6 millones de Trump. Con esa cifra, Biden se convirtió en el candidato con más votos en toda la historia de EE. UU., un récord que tenía el expresidente Barack Obama.

Antes de conocerse el ganador de las elecciones, el presidente Trump había afirmado que no reconocería los resultados y que los demandaría ante las cortes.

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EFE

El demócrata que le apunta a unir a Estados Unidos

El exvicepresidente de Barack Obama (2009-2017), Joe Biden, recurrió a su experiencia y moderación para presentarse como el candidato demócrata ideal para enfrentarse al presidente de EE. UU., Donald Trump, en unas elecciones condicionadas por la crisis y la pandemia de la covid-19.

Después de que su campaña se diera prácticamente por muerta en las primarias de su partido, Biden resurgió de las cenizas y arrasó en el llamado «supermartes» en los estados del sur, con los que ahora cuenta para arrebatar la presidencia a Trump.

Ahora este veterano político demócrata, que ha tenido dos oportunidades fallidas de llegar a la presidencia de Estados Unidos, en 1988 y en 2008, esperaba llegar a ser el inquilino de la Casa Blanca y este 2020 se vendió como el candidato que podría unificar al país.

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Y para ello cuenta con un largo recorrido político. Biden, nacido en Scranton (Pensilvania) y de origen humilde, entró al Senado de EE. UU. como uno de los parlamentarios más jóvenes en la historia en 1972, cuando tenía 29 años, y si llega a salir elegido presidente se convertiría en el candidato de más edad en posesionarse en ese cargo.

Tras pasar más de tres décadas de servicio en el Capitolio, fue durante ocho años el vicepresidente de Barack Obama, el primer mandatario afroestadounidense en la historia política de ese país. Desde ese cargo se ganó el apoyo y el reconocimiento del electorado demócrata.

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EFE

Durante la campaña presidencial, Biden exhibió un lado humano y conciliador, lo que contrasta con el estilo de Trump, quien siempre se ha presentado como un conquistador que jamás duda y que todo lo puede. “Las divisiones en nuestro país se están ampliando y nuestras heridas se hacen más profundas”, dijo Biden durante un discurso de campaña en Georgia.

Y no es para menos. El próximo presidente de EE. UU. debe enfrentar una profunda crisis económica y de salud que se cierne sobre el país debido a la pandemia de covid-19.

Además, deberá hacerle frente a los problemas de racismo y violencia, cuyo tema también ha estado en la agenda de la campaña presidencial tras la muerte de George Floyd a manos de un agente policial.

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El demócrata enfocó su campaña, particularmente, en esos temas. Biden propuso una amplia disponibilidad de pruebas gratuitas de covid-19 para la gente, el uso generalizado de tapabocas y la eliminación de todas las barreras de costos para el cuidado preventivo.

También reconoció que en el país hay un “racismo sistémico” y trató de enviar un mensaje positivo a su histórica selección de Kamala Harris, senadora por California, como su compañera de fórmula presidencial.

Harris, de 55 años, la primera mujer afroestadounidense y de ascendencia asiática en ser nominada a la Vicepresidencia por uno de los dos grandes partidos, y con la que Biden buscó aportar energía a su imagen de curtido y veterano político.

Por otro lado, Biden también hizo hincapié en la deficiente gestión que ha tenido Trump durante la pandemia, que en EE. UU. ha causado más de 230.000 muertes, cifra que lo deja como el país con más decesos por el virus.

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En la economía, la agenda de Biden apunta a los ciudadanos más pobres e incluye una cantidad de medidas que implicarían un cambio brusco con respecto a la actual administración republicana, con un retorno a las políticas de Barack Obama.

El carisma es otro de sus puntos fuertes, algo que demuestra en sus cálidas y espontáneas interacciones con los ciudadanos, pero la inusual situación derivada de la pandemia del coronavirus supuso un obstáculo.

Biden, que fijó su centro de operaciones en su casa de Wilmington (Delaware), localidad en la que reside, debido a la covid-19 pasó a desarrollar una campaña totalmente virtual a otra en la que el público asitió a sus mítines dentro de sus vehículos, como en los autocines.

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Pese a las limitaciones que eso representó, su propósito fue marcar diferencias entre una campaña y la de Trump, que lleva a cabo mítines multitudinarios, al aire libre, pero sin respetar las distancias de seguridad ni la obligatoriedad del uso de mascarillas.

Paradójicamente, gracias a una menor exposición pública, pudo controlar una de sus principales errores: sus frecuentes errores verbales. «Soy una máquina de pifias. Pero, por Dios, qué cosa maravillosa comparada con un tipo que no puede decir la verdad», ironizó a finales del pasado año al compararse con Trump.

Una de las noches de campaña de las primarias llegó a confundir antes de empezar a hablar a su esposa, Jill Biden, y a su hermana, Valerie Biden.

Pero también ha estado en la vanguardia de su partido y ha espoleado cambios que ahora lo enorgullecen: en 2012 afirmó que se encontraba «absolutamente cómodo» con el matrimonio homosexual, lo que forzó a Obama a acelerar su apoyo explícito a esas uniones y contribuyó a su legalización final por parte del Tribunal Supremo en 2015.

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EFE

Pero en su larga carrera como político también hay manchas. Algunas de sus decisiones le valieron críticas, incluyendo de la propia Harris, quien recordó durante las primarias demócratas que como senador se opuso a un sistema contra la segregación en las escuelas que consistía en llevar a niños afros a escuelas de blancos.

Otros episodios como parlamentario también ensombrecen su campaña, como su apoyo a la guerra de Irak en 2003 y, en abril de este año, las acusaciones de agresión sexual por parte de una colaboradora suya mientras se desempeñaba como congresista en Washington.

En su momento, varios sectores pidieron la renuncia del candidato. El exvicepresidente optó por el silencio, pero luego negó que esos hechos de abuso hubieran ocurrido. “Quiero encarar las acusaciones. No son verdad. Esto nunca ocurrió”, dijo Biden en ese entonces.

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En cuanto a su vida familiar, Biden ha sufrido profundas pérdidas personales que han influido en su historial político. En 1972, su primera esposa y su hija de un año murieron en un accidente automovilístico.

Luego, en 2015, su hijo Beau falleció, víctima de un cáncer. Con respecto al dolor que le generó la muerte de Beau, reconoció que es un pesar que “nunca se va” de su vida.
De hecho, la tragedia impidió que se lanzara a la presidencia en 2016. “Cada mañana me levanto (…) y me pregunto: ¿Estaría orgulloso de mí?”, reconoció Biden en un evento este año.

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REDACCIÓN INTERNACIONAL
* Con información TOMADA de AFP.

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