La pregunta recurrente, cuando llega la ola invernal es ¿Por qué siguen repitiéndose las inundaciones, desplazamiento humano y pérdidas de vidas? La tragedia por inundaciones es un fenómeno natural repetitivo, ocasionado por diversos factores; principalmente, naturales y antrópicos. Según el Banco Mundial, Colombia es el país donde más llueve a nivel global. Frente a lo anterior, sumamos la complejidad geográfica, obteniendo un escenario caracterizado y determinado por permanentes inundaciones, desbordamientos de ríos, crecientes súbita y avalanchas inesperadas; contexto agravado por el poblamiento humano de dichos territorios.
Lo ocurrido durante la primera semana de febrero en el departamento de Córdoba, debido a la ola invernal, afectó 22 municipios, incluido Montería, que enfrentó inundaciones de gran magnitud por causa del desbordamiento del Río Sinú, impactando la zona rural y sectores urbanos del occidente de la ciudad. La distribución espacial de las áreas inundadas señala que, la mayor afectación es la margen izquierda del Río Sinú, particularmente, al occidente del casco urbano de la ciudad, con una franja de inundación de 7 kilómetros; afectando sectores urbanos vulnerables; entre ellos, barrios como: Vallejo, Dorado, Villa Petro, Níspero, entre otros. Ocasionando, pérdidas materiales, afectación a viviendas, interrupción de la movilidad y riesgos sanitarios; consolidando el evento como una de las emergencias por inundación, más severas registradas recientemente en Montería.
La tragedia se repite una y otra vez de manera repetitiva y cíclica; en este sentido, es necesario recordar y mencionar; que investigaciones científicamente documentadas y divulgadas, mostraban las causas de las inundaciones en Córdoba; una de ellas, la construcción de Urrá; donde hubo asesinatos, empezando por líderes Emberá y profesores de la Universidad de Córdoba; otros huyeron para salvar sus vidas; estudios que concluyeron sobre los impactos sociales, ambientales y económicos de la construcción de Urrá. Pero una vez construido Urrá; terratenientes y familias de políticos tradicionales se apropiaron de humedades como: La ciénaga de Martinica, Grande del bajó Sinú, Betancí, entre otras; además, sedimentaron caños como Betancí, Bugre y la Caimanera. Para concluir el crimen ambiental, en el año 2000, los paramilitares construyeron una tapa que utilizaron como vía en el caño de Betancí, impidiendo el flujo de agua del río a la ciénaga, bajo el silencio cómplice de las autoridades ambientales.
En este sentido, las inundaciones las podemos superar; pero lo difícil y complejo viene ahora; necesitamos el liderazgo de la institucionalidad y todos los actores sociales para reconstruir material, moral y económicamente el tejido social; recuperar la dinámica productiva y enfrentar los problemas de salud pública entre otros. La Universidad de Córdoba construyó un plan de acompañamiento a los afectados; donde coloca su capacidad humana y científica al servicio del territorio y su gente.
En el Departamento de Córdoba tenemos tres grandes fuentes hídricas; representadas en los ríos: Canalete, San Jorge y Sinú; estas cuencas hídricas presentan graves problemas de deforestación y degradación del suelo. No obstante, el principal problema ha sido y continúa siendo, la ocupación de humedales y ciénagas; con ello, anulan la función de amortiguación y/o esponja cuando se presentan las crecientes del río. Naturalmente, los cuerpos de agua, caños, ciénagas, a lo largo de la cuenca media y baja, son zonas de descarga de aguas del río; cuando presenta grandes crecientes, estas zonas reciben el exceso de caudal, permitiendo la difusión del agua entre esos sectores. Pero desafortunadamente, en el departamento de Córdoba han sido ocupados para la expansión de ganadería y otras funciones, construyendo Jarillones o muros de contención; es decir, han convertido muchas de esas ciénagas en grandes haciendas. A nivel urbano, para procesos de expansión, con la edificación de nuevos barrios y asentamientos; ocasionando con esto, la interrupción entre el río y zonas de descarga; por ende, grandes inundaciones.
La cuenca del Río Sinú tiene aproximadamente 290.000 ha, espacio que funciona como planicie aluvial, que corresponde a la cuenca media y baja, convertido en un territorio de expansión natural del río, conectado a una red compleja de caños y ciénagas. Conectividad que reduce picos de crecientes; que sirven de amortiguadores en los excesos de caudales. Cuando se rompe esa conectividad por intervenciones humanas sobre los humedales y la red hídrica, a través del desecamiento para actividades agropecuarias, construcción de jarillones, expansión urbana, entre otras labores; genera inundaciones sobre esas zonas. Mientras esos humedales y ciénagas continúen ocupados, el río seguirá inundando. A lo anterior, sumamos los efectos del cambio climático… seguiremos presentando tragedias ambientales.
