El pasado 8 de marzo, los colombianos concurrieron a las urnas y participaron eligiendo a representantes a la Cámara y senadores que conformarán el Congreso de la República en su Cámara Alta y Baja; jornada electoral que contó con una amplia participación ciudadana.
Alrededor de 20.900.614 colombianos, participaron con un porcentaje del 50.62%; superior a lo sucedido hace cuatro años con 18.034.781 de votos; equivalente al 46.45%. Estas elecciones definieron la conformación del Congreso y el mapa político nacional por regiones, departamentos y ciudades; por cada movimiento y partido político. Del mismo modo, se realizaron las consultas interpartidistas para escoger candidato presidencial; sin sorpresas, es decir, los candidatos con estructura política definidas alcanzaron las mayorías necesarias para lograr la candidatura; de esta forma, participar en la primera vuelta presidencial.
Este análisis sobre los resultados de la jornada electoral, permite inferir, que, los partidos políticos tradicionales; en otrora, tenían el dominio y control del electorado; como únicas opciones; con monopolio y control electoral; limitando la libertad ciudadana para escoger. Partidos políticos tradicionales sin liderazgo, reducidos a reproducir las viejas prácticas clientelistas; centradas en el control y manipulación del electorado; a través de la compra de votos. Perdiendo de esta forma, el encanto, liderazgo y propuestas que representen una agenda e ideario de sociedad.
Por ello, en estas elecciones disminuyeron su votación y el número de escaños en el Congreso; pero aún mantienen espacios de poder en el mapa político regional y nacional. Por otra parte, algunos partidos y movimientos políticos con baja votación, sin umbral, no alcanzaron escaños; por consiguiente, perdiendo sus personerías jurídicas. El debate electoral, dejó claras las dos fuerzas políticas mayoritarias en Colombia: el Pacto Histórico y Centro Democrático; el primero representa a la izquierda política y progresista; la segunda es la expresión de la derecha. La izquierda logró 4.500.000 votos en la lista a Senado; alcanzando 26 senadores y 40 representantes en la Cámara; convirtiéndose en la primera y más votada fuerza política del país. La segunda fuerza política es la derecha, que obtuvo 3.300.000 votos, logrando 17 senadores. En este escenario, aunque existen otras fuerzas políticas; Colombia se mueve entre izquierda y derecha; con un proyecto, agenda y visión de país, diametralmente opuestos en muchos aspectos. En este contexto, el centro político se disuelve, es gaseoso y fragmentado. En la primera vuelta presidencial, la ciudadanía se inclinará por estas opciones y conquistará el apoyo popular quien mejor conecte y mueva mayoritariamente a un sector del espectro político planteado.
En cuanto al mapa político del departamento de Córdoba; se reafirma la tendencia emergente y creciente del partido, Pacto Histórico como fuerza política relevante y mayoritaria con identidad y arraigo popular; sin clientelas y maquinarias políticas características de la precaria cultura política cordobesa; alcanzaron 180.000 votos y, por primera vez en la historia política del departamento, ocuparán una representación en la Cámara de Representantes, espacio ocupado históricamente por los partidos tradicionales. El resto de partidos en Córdoba mantienen sus espacios; con excepción del Partido Liberal y Partido de la U, que no sacaron listas para Cámara de Representantes en el Departamento. Es importante anotar, que algunos de los senadores elegidos por Córdoba, no alcanzaron votaciones significativas en su departamento; en comparación con elecciones anteriores; obteniendo credencial con votos de otras regiones del país. Una lección que dejan estas elecciones en Córdoba; continuamos haciendo la política con las viejas prácticas; donde las propuestas, pensamientos y agendas de transformación brillan por su ausencia. Por lo tanto, recurren a las clientelas movidas con grandes sumas de dinero; lo anterior, los condena y nos condena a la pobreza y miseria como sociedad.
En síntesis, mucho por hacer; pero, sobre todo, mucho por construir y formar en términos de cultura política. Hacer del ejercicio político una ocupación y preocupación al servicio del otro y de los otros. Esperamos que el liderazgo de los congresistas cordobeses, esté a la altura de la responsabilidad obtenida y acompañen con liderazgo decidido las grandes transformaciones que el Departamento demanda y necesita.
