El pasado 14 de marzo del año en curso, falleció el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas a los 96 años El último filósofo vivo fundador de la Escuela de Frankfurt, creada por un grupo de pensadores asociados al Instituto de Investigación Social de Alemania, en donde nació la «Teoría Crítica» de la sociedad.
Además, la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso, convertidas en paradigmas de investigación en las ciencias sociales. Igualmente, Conciencia moral y acción comunicativa, Verdad y justificación, Facticidad y validez, Conocimiento e interés, entre muchos otros textos que contienen y representan un pensamiento filosófico, sociológico y político para pensar y comprender la complejidad del mundo moderno; en particular, los tiempos de la posguerra. Lo cual hace pensar en estos tiempos complejos desde el rescate del ideal de la razón ilustrada, que entra en crisis por el dominio de una razón instrumental y científico-técnica, que para Habermas coloniza el mundo de la vida. En este contexto, el esfuerzo de Habermas es hacer posible un tipo de razón comunicativa y dialógica que haga posible que los miembros de una sociedad puedan dialogar, entenderse y ponerse de acuerdo, no solo sobre asuntos normativos, sino éticos, morales y políticos. Habermas fue un filósofo comprometido con la formación y ejercicio de la ciudadanía, la participación política y democrática; asimismo, un intelectual imprescindible, una voz autorizada y presente en la vida pública alemana y en el contexto de la cultura política occidental; su obra, traducida a más de 20 idiomas, y su presencia académica en universidades, centros e institutos de investigación filosófica y sociológica; incluso, nutriendo los debates de los escenarios del poder político. El pensamiento habermasiano enseñó que la democracia no son las urnas, sino también la participación y deliberación ciudadana sobre asuntos de la vida pública; denominada democracia deliberativa. Un concepto avanzado de democracia, que requiere de formación ciudadana y cultura política. Por ello, en inicios de su vida intelectual; Habermas centró su ejercicio académico en la idea de desarrollar una teoría de la sociedad con intenciones prácticas; el desarrollo de esta idea permite hacerle seguimiento a las distintas vertientes del pensamiento habermasiano; en este sentido, elaboró una teoría sobre la sociedad, aportando a la realización de los objetivos emancipatorios de la modernidad ilustrada; de igual manera, continuó trabajando en las realización de los ideales de la modernidad; principalmente, haciendo posible que la razón ocupara un espacio en la historia humana; una razón no dogmática, ni instrumental, sino dialógica y práctica; una razón que soporte y libere en términos de acción, la comunicación humana.
En este sentido, cuando hacemos referencia al ideal de la Ilustración; nos referimos a un proyecto emancipatorio centrado en la libertad y la justicia. La emancipación en términos kantianos; debe entenderse como la capacidad de pensar y decidir por uno mismo; es decir, ser autónomo. En esto consiste el proyecto ideal de la ilustración, que, Habermas retoma como tema prioritario de su trabajo académico e intelectual. El esfuerzo de Habermas, retomado de los maestros de la Escuela de Fráncfort; consistió en ampliar y fortalecer la teoría crítica de la sociedad, cuyo interés es la supresión de la injusticia social. La teoría crítica encarna y representa una fuerza utópica, donde Habermas dedicó su vida académica como filósofo y sociólogo. Inclusive, sostenía la idea de que, las injusticias históricas tan solo pueden ser erradicadas mediante una praxis que esté anclada en la libertad de dominación.
Por consiguiente, el aporte de Habermas con la teoría discursiva, convertida en un referente teórico, conceptual y metodológico; generó procesos de enseñanza sobre el uso del lenguaje, como forma racional de interactuar en el mundo. Una racionalidad comunicativa, construye espacios para las relaciones intersubjetivas de carácter lingüístico, generando procesos de entendimiento y acuerdos; reemplazando la racionalidad unidimensional e instrumental, característicos de la modernidad clásica, por una racionalidad comunicativa; esto, con el fin de hacer frente a la colonización del mundo de la vida; de esta forma, construir normas sociales y jurídicas para la integración social.
