En las últimas semanas estamos presenciando el despliegue militar norteamericano en costas venezolanas. La última vez que un hecho similar sucedió en la región fue durante la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989. El despliegue militar en el mar Caribe demuestra lo que todos conocemos: el enorme poder militar norteamericano; en este caso, utilizado para intimidar y presionar la salida del régimen venezolano encabezado por Nicolás Maduro. En esta ocasión, la razón que justifica la descomunal avanzada militar es la lucha contra el narcotráfico, y no la lucha contra el comunismo ni contra el enemigo interno, característico de la Guerra Fría.
Pero detrás de esta justificación lo que se pretende es esconder y distraer la realidad política que viven los Estados Unidos: la favorabilidad de Trump está en 36 %, existe una inflación incontrolable, aumento de la pobreza, persecución a los inmigrantes, escándalos por aparecer en la lista de Jeffrey Epstein y protestas masivas en las calles. Una paradoja en esta justificación: mientras lideran una lucha contra el narcotráfico, perdonan a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado a 45 años por narcotráfico.
Esta realidad política interna, centrada en el descontento de sus electores y en una fuerte oposición, ha llevado al presidente Trump a asumir una conducta semejante a la de un pirómano: provocar incendios de manera continua, impulsiva y descontrolada, para luego observarlos, analizarlos e intentar apagarlos. Es decir, al igual que un pirómano, Trump siente una fascinación patológica por el fuego, pero en la lógica política que aplica, lo hace con un propósito intencional: distraer y controlar.
Ahora bien, esta conducta adquiere relevancia cuando es ejercida desde una posición de poder; en este caso, la del presidente del país más poderoso del planeta. Con esta lógica de poder político, expresa una supremacía militar con la que intimida y somete, desconociendo la soberanía y autodeterminación de los Estados, el derecho internacional, los tratados sobre derechos humanos y los organismos multilaterales creados para regular, dirimir conflictos y alcanzar la paz entre los Estados y al interior de los mismos. En esa línea de conducta, gobiernan los Estados Unidos y tratan de controlar el mundo, sin ningún tipo de restricción legal.
¿Qué pasará con Venezuela? En el Caribe es posible que, bajo esta conducta dominante, se pretenda profundizar el incendio con mayor presión psicológica y bloqueos marítimos y aéreos, con la intención de que el régimen venezolano dé un paso al costado. Un escenario improbable, dado el arraigo del chavismo en amplios sectores venezolanos y, en particular, en las fuerzas militares. Otro escenario posible es incendiar con ataques aéreos y terrestres algunos espacios estratégicos del país caribeño, lo cual podría debilitarlos y obligar a una rendición, o, por el contrario, profundizar una guerra interminable. Los escenarios están abiertos y el mundo bajo una amenaza de incendios que se propagan sin control alguno.
En este sentido, las voces más sensatas claman por una salida dialogada, autónoma y soberana, con acompañamiento de la comunidad internacional; mientras otros avivan el fuego con la invasión militar. Estos últimos, desde la comodidad económica y política, buscan hacer parte del saqueo del petróleo venezolano. Este es el trasfondo y la verdadera justificación para invadir Venezuela: incendiar para distraer y luego sustraer. La era Trump responde a ideales de superioridad racial, cultural, política, económica y militar, respaldados por billonarios dueños del poder económico mundial. Con ello, imponen una versión del capitalismo salvaje soportado en un modelo neoliberal sin rostro humano, poniendo en jaque la paz y el equilibrio del orden internacional. Sorprende la reacción del mundo «civilizado», en particular, de los países europeos, quienes han asumido una posición sumisa y obediente, convertidos en espectadores de lo que Hannah Arendt denominó la banalidad del mal. Este es el escenario de la geopolítica internacional: el resurgimiento de nuevos nacionalismos centrados en la supremacía racial y en la negación de principios esenciales de la democracia liberal.
Posdata: Quienes desde Colombia avivan el fuego para que los pirómanos del norte incendien Venezuela, pensando solo en sus intereses, también pueden hacernos quemar.
