Columna del Rector de la Universidad de Córdoba, JAIRO TORRES OVIEDO, para su y nuestra Revista EXPECTATIVA 45 Años ……………………. la 𝗣𝗼𝘀𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱 𝘆 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗹𝗲𝗻𝗴𝘂𝗮𝗷𝗲 𝗽𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼 …

El lenguaje político en Colombia ha venido marcado por discursos y narrativa cargados de señalamientos mutuos, odios y satanización recíproca; convirtiendo la democracia en un campo de batalla donde predomina un lenguaje perturbador, cargado de insultos, señalamientos y ofensas que la degradan; con ello, impidiendo la construcción de una cultura política verdadera. Estos son los tiempos que transitamos; marcados por incertidumbres, verdades, mentiras y ficciones; definidos como una era de posverdad; caracterizada por discursos, relatos y narrativas que crean nuevas realidades que defienden y/o rechazan verdades y mentira; que tienen un poder que depende en creer en ello.

Como bien lo define Yuval Noah Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI; los humanos siempre han vivido en la era de la posverdad. “Desde la edad de piedra hemos construido mitos para integrar y cohesionar la existencia en comunidad y regular el orden social. El Homo Sapiens conquistó este planeta, gracias y sobre todo a la capacidad distintivamente humana de crear y difundir ficciones”. Somos la única especie que puede inventar relatos de ficción, difundirlos y convencer a millones de personas para que crean en ellos; esta ha sido una constante en el discurrir de la humanidad; algo que data, desde tiempos pretéritos, hasta los actuales.

Los líquidos tiempos actuales, nos sitúa frente a nuevas formas de concebir la realidad; en este sentido, los medios de comunicación que representan una  lógica de poder; convertidos y utilizados como nuevos difusores de Posverdad; el predominio de Facebook, Instagram, Twitter y  lideres mundiales en lo  político y religiosos; creando  realidades y narrativas para justificar una guerra, proteger el medio ambiente, legitimar dictaduras, defender la democracia, hacer apología de un caudillo,  destruir  moral y socialmente personas  e instituciones; en fin, la narrativa masiva de los grandes medios, influyen en la mentalidad y forma de pensamiento para  construir Dioses, demonios y hacer que la sociedad esté dividida entre buenos y malos. El poder de influencia y convencimiento, permite que amplios sectores sociales, indistintamente a la posición social y nivel de formación; los siguen reverencial y dogmáticamente.

En estos tiempos de injusticias, presenciamos verdades incuestionables; el poder de la Posverdad, nadie cuestiona y quienes lo hacen los marginan; porque la línea de conducta impuesta es repetir.  A raíz de esto, muchas noticias falsas duran para siempre. En lo trascurrido del breve y violento siglo XX; encontramos casos de grandes metarrelatos que encarnan mentiras convertidas en verdad; el régimen Nazi, Soviético; construidos sobre una fuerte maquinaria mediática, que logró ocultar las atrocidades cometidas en los campos de concentración, proyectando al mundo una imagen civilizada y humana. Aún siguen imperando estos relatos políticos, ideológicos y religiosos; con capacidad de convencer y crear verdades legitimadas en aceptación social; dispuestas a defender, hasta con la propia vida; una conducta fanática y dogmática; donde la reflexión y la racionalidad no tiene espacio.

Precisamente, esta realidad la tiene Colombia; donde hemos desplazado el logos e impuesto la violencia verbal; polarizando y dividiendo la sociedad; convirtiendo al contradictor político en enemigo; anulando la democracia y el debate público argumentado. En este contexto de Posverdades, construimos una nueva concepción de democracia y el debate político; marcado por la ausencia de reconocimiento y respeto por el otro; creando de esta forma, un escenario de mutua satanización.

Lo ocurrido recientemente en la Universidad de Córdoba refleja lo anterior, la construcción de narrativas mentirosas, cargadas de ignominia y subjetividad, orientadas a causar daño a la reputación de personas e instituciones; es decir, la imposición del estado de opinión, sobre el estado de derecho. En un estado de opinión no existe la reflexión y la argumentación; sino la manipulación orientada a construir una verdad soportada en la falsedad; por consiguiente, debemos reafirmar el estado de derecho; para no regresar a tiempos inquisitoriales, y con ello, silenciar la inteligencia; y de este modo, desaparecer la deliberación pública.

Vivimos tiempos extremadamente complejos; un panorama oscuro y tenebroso que tiene la finalidad de construir narrativas cargadas de ficciones, con la única finalidad de controlar la subjetividad e imponer nuevos discursos y un lenguaje político sobre la verdad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *