Información para los lectores de su y nuestra Revista EXPECTATIVA 45 Años.
El folclor vallenato despide a uno de sus juglares más insignes y queridos con la partida de Náfer Santiago Durán Díaz. Heredero de una dinastía musical legendaria y coronado Rey Vallenato en 1976, el maestro deja un vacío irremplazable en las letras, los paseos, merengues, sones y puyas que definen la identidad de la música tradicional colombiana.
Nacido en El Paso, Cesar, Náfer Durán dedicó más de ocho décadas de su existencia a mantener viva la tradición oral e instrumental del acordeón. Fiel a su inseparable compañero de pecho, solía repetir con absoluta convicción que para él «dejar de tocar el acordeón es morir en vida», una premisa que honró hasta el final, negándose a jubilar el instrumento que acompañó los latidos de su corazón
Su trayectoria artística quedó marcada por hitos fundamentales que consolidaron el folclor. En 1976 se coronó en el Festival de la Leyenda Vallenata interpretando con maestría El estanquillo, Teresita, Déjala vení y Altos del Rosario, hazaña que lo llevó a ser declarado fuera de concurso en 1983. Ese mismo año 1976 grabó el histórico álbum Herencia Vallenata, apadrinando en su debut discográfico a Diomedes Díaz. Asimismo, inmortalizó composiciones de profunda sensibilidad romántica como Sin ti, obra nacida en Mompox inspirada en la ausencia de su esposa Rosibel Escorcia y que se convirtió en una de las melodías predilectas de la fundadora del festival, Consuelo Araujonoguera.
Con su partida se apaga el fuelle físico de uno de los grandes patriarcas del vallenato autóctono, pero perduran el eco de sus notas, la humildad de su trato y la nobleza de una madera fina que resistió con dignidad el paso del tiempo. Paz en la tumba del maestro Náfer Durán, cuya música seguirá sonando eternamente en el corazón de la cultura caribeña.
Por Javier Arcia, PARA LOS LECTORES DE Revista EXPECTATIVA 45 Años.
