A partir de este 7 de agosto de 2022 inicia un nuevo gobierno en Colombia. Por primera vez, un presidente de izquierda asume las riendas del país en medio de expectativas, dudas, temores, desafíos y oportunidades que todo cambio genera. El éxito del nuevo gobierno debe traducirse y reflejarse en mejores niveles de equidad y bienestar social; para ello, deben tramitarse y aprobarse las reformas estructurales que el país demanda en materia de desarrollo rural integral, salud, política, asistencia social, educación, entre otras; sobre todo, la reforma tributaria, la cual debe generar los recursos para soportar y financiar las transformaciones sociales urgentes. Importante señalar, que el escenario donde se deliberan y aprueba las reformas es el Congreso; institución que representa el país político y con el mayor nivel de desaprobación por parte de la ciudadanía. Este actual Congreso renovado en gran medida por movimientos y partidos políticos alternativos deberá representar una expresión política moderna, que supere las viejas prácticas politiqueras de nuestra premoderna cultura política acentuadas en gran parte del territorio Nacional.

Para que esto suceda, deben aprobarse leyes que hagan posible las reformas que requiere el país nacional representado en millones de colombianos excluidos del bienestar social. La aprobación de estas reformas requiere de un gran acuerdo que el nuevo gobierno ha definido como un pacto histórico. Como todo acuerdo, debe construirse entre iguales y diferentes; es decir, un pacto que evidencie la pluralidad y diversidad de la Nación colombiana y, cuyo fin o propósito sea la justicia social. Muchas de estas reformas deben priorizarse en la agenda legislativa y aprobarse en los períodos respectivos para que hagan parte del Plan de Desarrollo Nacional y puedan ser una realidad. Esto es lo que espera la sociedad colombiana, una actitud que señale el devenir del nuevo gobierno; que, con la implementación de las reformas comience a cumplir las expectativas y necesidades de la gente; sobre todo, los más vulnerables, por ejemplo: que los jóvenes colombianos tengan acceso a la universidad pública y gratuita, los campesinos estén en condiciones para poner a producir la tierra e industrializar el campo, que la tercera edad cuente con subsidios económicos para lograr una vejez digna; además, la reforma política y muchas otras propuestas de cambio con las que alcanzó el apoyo popular el presidente Petro.

Sin duda alguna, lograr lo antes mencionado dependerá del relacionamiento con el Congreso; que debe darse pensando en los cambios que el país necesita y no solo en el poder clientelar que garantizan las maquinarias políticas locales especializadas en ganar elecciones y distribuir el Estado como si fuera su empresa privada. El avance de las reformas depende del acuerdo con el Congreso; la construcción de un pacto por Colombia y su gente, lo que veremos en los próximos meses del nuevo gobierno. El país espera un pacto que trascienda las viejas prácticas; donde se construían acuerdos para gobernar y no transformar. Esperamos del presidente Petro, un liderazgo transformador, que erradique las costumbres politiqueras, que permita el surgimiento de una cultura política moderna centrada en el argumento, la deliberación pública y la preocupación por el otro; es decir, ¡el bien común!

 

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